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jueves, 5 de junio de 2014

No permita que nada lo aleje de Jehová


“Escójanse hoy a quién quieren servir.” (JOS. 24:15)
¿QUÉ RESPONDERÍA?
¿Qué puede hacer para mantener el empleo en el lugar que le corresponde?
¿Cómo puede ser equilibrado con respecto a las diversiones?
Si un miembro de su familia deja a Jehová, ¿qué le ayudará a usted a sobrellevar el dolor?
Saber elegir es muy importante. Cuando alguien debe tomar una decisión, tiene ante sí distintas opciones y cierto grado de control sobre el rumbo que seguirá su vida. Supongamos que un hombre viaja a pie por un camino que de pronto se divide en dos. ¿Cuál escogerá para llegar a su destino? Lo más probable es que un camino lo acerque a su objetivo, y el otro lo aleje.
 En la Biblia hallamos muchos ejemplos de personas que se vieron en una situación parecida. Caín, por ejemplo, tuvo dos opciones: dejarse llevar por la ira o controlarla (Gén. 4:6, 7). Y Josué debió elegir entre servir al Dios verdadero y adorar a dioses falsos (Jos. 24:15). Como Josué quería mantenerse cerca de Jehová, escogió el camino que lo llevaba en esa dirección. Por el contrario, Caín no tenía ese objetivo y tomó una ruta que lo alejó aún más de Dios.
 Quizás surjan situaciones en las que usted tenga que elegir entre dos caminos. En esos momentos, recuerde cuál es su “destino”, u objetivo: glorificar a Jehová en todo lo que hace y evitar cualquier cosa que lo aleje de él (lea Hebreos 3:12). En este artículo y en el siguiente analizaremos siete aspectos de la vida en los que no debemos permitir que nada nos aleje de Jehová.
EL EMPLEO
 Los cristianos tienen la obligación de cubrir sus propias necesidades materiales y también las de su familia. La Biblia indica que quien no quiere hacerlo es peor que una persona sin fe (2 Tes. 3:10; 1 Tim. 5:8; nota). Está claro que el empleo es una parte importante de la vida, pero si no tenemos cuidado, podría separarnos de Jehová. ¿Cómo es eso posible?
 Suponga que usted está buscando trabajo. Si vive en un país donde es difícil conseguirlo, pudiera verse tentado a aceptar la primera oferta que se presente, sea cualsea. Pero ¿y si ese empleo viola algún principio bíblico? ¿Y si el horario o los viajes limitaran su participación en las actividades cristianas o lo separaran de su familia? ¿Aceptaría la oferta de todos modos, quizás razonando que, al fin y al cabo, tener ese trabajo es mejor que no tener ninguno? No olvide que una mala decisión podría alejarlo de Jehová (Heb. 2:1). Entonces, si busca trabajo o está considerando la posibilidad de cambiar de empleo, ¿qué puede ayudarlo a tomar una buena decisión?
 Como ya se indicó, debemos tener presente nuestro objetivo en la vida. Pregúntese: “¿Adónde quiero que me lleve mi trabajo o profesión?”. Si usted ve el trabajo como un medio para alcanzar un fin —el de mantenerse a sí mismo y a su familia para servir a Jehová—, entonces él bendecirá sus esfuerzos (Mat. 6:33). Nuestro Padre celestial no se queda paralizado sin saber qué hacer cuando perdemos el empleo o tenemos problemas económicos (Is. 59:1). La Biblia asegura que “Jehová sabe librar de la prueba a personas de devoción piadosa” (2 Ped. 2:9).
 Ahora bien, ¿y si su objetivo es simplemente ganar mucho dinero? Tal vez lo consiga. Pero nunca olvide que ese objetivo tiene un precio que usted no puede darse el lujo de pagar (lea 1 Timoteo 6:9, 10). Si le da demasiada importancia al empleo y las riquezas, lo único que conseguirá es alejarse de Jehová.
 Si usted es padre, piense en el ejemplo que les está dando a sus hijos. ¿Qué ven ellos que es más importante para usted, el trabajo o su amistad con Jehová? Si ellos notan que la posición social, el prestigio o el dinero es lo primero en su vida, ¿pudieran seguirlo por ese camino que solo conduce al desastre? ¿Sería posible que hasta cierto grado perdieran el respeto que le deben como padre? Fíjese en lo que declaró una adolescente cristiana: “Hasta donde yo recuerdo, mi padre siempre ha vivido entregado a su trabajo. Al principio parecía que trabajaba tanto porque quería que no nos faltara nada. Pero en los últimos años, algo ha cambiado. Trabaja y trabaja, no para comprar cosas necesarias, sino para traer lujos a casa. Por eso se nos conoce como la familia rica, en vez de la familia que anima a los demás a alcanzar metas teocráticas. Preferiría mil veces más el apoyo espiritual de papá que su dinero”.
 Padres, no se alejen de Jehová por dedicar demasiado tiempo y energías a su empleo o profesión. Demuestren a sus hijos que de veras creen que la riqueza más importante es la espiritual, no la material (Mat. 5:3).
 Si eres joven y estás pensando qué hacer con tu vida, ¿cómo puedes tomar una buena decisión? Como ya hemos visto, necesitas tener claro adónde te diriges. Tal vez quieras dedicarte a cierta profesión. Pero ¿qué hay de los estudios que tendrías que cursar y del empleo que pretendes conseguir? ¿Te ayudarán a servir más a Jehová, o, por el contrario, te alejarán de él? (2 Tim. 4:10.) ¿Te gustaría parecerte a la gente cuya felicidad depende de cuánto tenga en el banco o de cómo vayan sus negocios? ¿O tendrás la misma confianza que tuvo David? Él afirmó: “Un joven era yo, también he envejecido, y sin embargo no he visto a nadie justo dejado enteramente, ni a su prole buscando pan” (Sal. 37:25). Recuerda que un camino te alejará de Jehová y el otro te permitirá disfrutar de la mejor vida posible (lea Proverbios 10:22 y Malaquías 3:10).¿Cuál escogerás?*
LAS DIVERSIONES
 La Biblia no nos condena al aburrimiento ni dice que divertirse sea una pérdida de tiempo. El apóstol Pablo le escribió a Timoteo que “el entrenamiento corporal es provechoso” (1 Tim. 4:8). Además, la Biblia afirma que hay “tiempo de reír” y “tiempo de dar saltos”, y recomienda descansar lo suficiente (Ecl. 3:4; 4:6). Pero si no tenemos cuidado, las diversiones podrían alejarnos de Jehová. Para que eso no nos ocurra, hay dos aspectos que debemos tener en cuenta: el tipo de diversiones que elegimos y eltiempo que les dedicamos.
Si elegimos diversiones sanas y controlamos el tiempo que les dedicamos, disfrutamos y reponemos fuerzas
 Comencemos analizando el tipo de diversiones. Seguro que podemos encontrar actividades sanas. Sin embargo, hay que admitir que gran parte del entretenimiento disponible en la actualidad promueve cosas que Dios odia, como la violencia, el ocultismo o las relaciones sexuales inmorales. Por lo tanto, evaluemos con detenimiento el tipo de diversiones que preferimos. Preguntémonos: “¿Cómo influyen en mí? ¿Me contagian un espíritu violento, competitivo o nacionalista?” (Prov. 3:31). “¿Me hacen gastar demasiado dinero? ¿Podrían ofender la conciencia de los demás?” (Rom. 14:21.) “¿Con qué clase de personas me llevan a relacionarme?” (Prov. 13:20.) “¿Crean en mí el deseo de hacer algo malo?” (Sant. 1:14, 15.)
 Y ahora hablemos del segundo factor: el tiempo. ¿Dedicamos tanto tiempo a entretenernos que nos queda poco para participar en las actividades espirituales, como la predicación o las reuniones? Si es así, nuestros ratos de ocio no serán tan agradables como podrían ser. La realidad es que quienes mantienen a raya las diversiones las disfrutan más. ¿Por qué? Porque saben que ya han hecho “las cosas más importantes”, de modo que no se sienten culpables cuando descansan (lea Filipenses 1:10, 11).
 Es verdad que pasar mucho tiempo divirtiéndonos puede ser tentador, pero quizás ese camino nos distancie de Jehová. Una hermana de 20 años llamada Kim lo aprendió por experiencia. “Me pasaba todos los fines de semana de fiesta en fiesta: viernes, sábados y domingos —cuenta ella—. Pero ahora sé que hay muchas cosas más importantes que hacer. Por ejemplo, como soy precursora me levanto a las seis de la mañana para predicar, así que no puedo estar divirtiéndome hasta la una o las dos de la madrugada. Está claro que no todas las fiestas son malas, pero pueden ser una enorme distracción. Como en todo, en este asunto también hay que ser equilibrados”.
 Los padres deben atender sus necesidades y las de sus hijos en sentido material, espiritual y emocional. Eso incluye organizar actividades recreativas. Así que si usted es padre, no sea aguafiestas; aunque debe estar atento a las influencias que pudieran hacerles daño a los suyos, no piense que todas las diversiones son malas (1 Cor. 5:6). Si hace buenos planes, encontrará pasatiempos saludables para su familia.* De esa manera, usted y sus hijos andarán por un camino que los acercará más a Jehová.
LOS LAZOS FAMILIARES
 El vínculo entre padres e hijos es tan fuerte que Jehová lo ha utilizado para ilustrar el amor que él mismo siente por su pueblo (Is. 49:15). Por tanto, cuando un familiar nuestro abandona a Jehová, es normal sentirse profundamente apenado. Una hermana cuya hija fue expulsada dijo: “Quedé destrozada. Me preguntaba por qué mi hija había dejado a Jehová. No podía dejar de culparme a mí misma”.
 Si ese es su caso, Jehová sabe lo que usted está sufriendo. Él también “se sintió herido en el corazón” cuando el primer miembro de su familia humana y la mayoría de la gente que vivió antes del Diluvio se rebelaron contra él (Gén. 6:5, 6). Quienes no han pasado por eso tal vez no comprendan lo amargo que puede ser. Ahora bien, no sería prudente permitir que el mal rumbo que ha tomado un familiar expulsado lo aleje a usted de Jehová. ¿Qué le ayudará a sobrellevar ese intenso dolor?
 No se eche la culpa por lo que haya ocurrido. Jehová nos ha dado a todos la oportunidad de decidir si queremos servirle, y cada miembro dedicado y bautizado de la familia debe llevar “su propia carga de responsabilidad” (Gál. 6:5). En realidad, Jehová pide cuentas al pecador por sus actos, no a usted (Ezeq. 18:20). Tampoco caiga en la trampa de culpar a otros. Más bien, respete el sistema que Jehová ha establecido para disciplinar a sus siervos. Opóngase al Diablo, no a los pastores que protegen a la congregación (1 Ped. 5:8, 9).
No es malo tener la esperanza de que un ser amado vuelva a Jehová
 Por otra parte, si usted se enoja con Jehová, estará escogiendo un camino que lo alejará de él. Lo que su hijo necesita ver es que sus padres apoyan a Dios por encima de todo, incluidos los lazos de sangre. Así que para sobrellevar la situación, cuide su espiritualidad y no se aísle de sus fieles hermanos de la congregación (Prov. 18:1). Ábrale su corazón a Jehová (Sal. 62:7, 8). No busque excusas para mantenerse en contacto con un expulsado, por ejemplo mediante correo electrónico, teléfono o mensajes de texto (1 Cor. 5:11). Concéntrese en las actividades espirituales (1 Cor. 15:58). La hermana citada anteriormente dijo: “Sé que debo mantenerme ocupada sirviendo a Dios y estar firme en sentido espiritual. De ese modo, cuando mi hija regrese a Jehová, tendré fuerzas para ayudarla”.
 Las Escrituras aseguran que el amor espera todas las cosas (1 Cor. 13:4, 7). Así que no hay nada de malo en tener la esperanza de que su hijo regrese algún día a Jehová. De hecho, todos los años muchas personas se arrepienten y vuelven a la organización. Jehová no guarda rencor; al contrario, está “listo para perdonar” (Sal. 86:5).
TOME BUENAS DECISIONES
 Nuestro Creador Jehová nos ha dado libertad de elección (lea Deuteronomio30:19, 20). Pero esa libertad conlleva una seria responsabilidad. Todos los cristianos deberíamos preguntarnos: “¿Por qué camino voy? ¿He dejado que el empleo, las diversiones o los lazos familiares me alejen de Jehová?”.
 El amor que nuestro Padre celestial nos tiene nunca pierde su fuerza. Si nos distanciamos de él es porque nosotros hemos escogido ir por un mal camino (Rom. 8:38, 39). Pero eso no tiene por qué ocurrirnos. No permita que nada lo aleje de Jehová. En el siguiente artículo veremos cuatro aspectos más en los que podemos demostrar nuestro deseo de permanecer cerca de él.
[Notas]
Hallará varias sugerencias en el número de noviembre de 2011 de la revista ¡Despertad!,páginas 17 a 19.

lunes, 19 de mayo de 2014

Una gran muchedumbre ante el trono de Jehová



Aunque lo más importante en la vida de los siervos fieles de Jehová desde Abel hasta Juan el Bautista fue hacer Su voluntad, todos ellos murieron, con la esperanza de resucitar en la Tierra una vez instaurado el nuevo mundo de Dios. Los 144.000, que gobernarán con Cristo en el Reino celestial de Dios, también deben morir antes de recibir su recompensa. Ahora bien, Revelación (Apocalipsis) 7:9 muestra que en estos últimos días habría “una gran muchedumbre” de todas las naciones que tendría la perspectiva de vivir para siempre en la Tierra, sin haber experimentado la muerte. ¿Forma usted parte de ella?

¡Ay de la tierra [...]!, porque el Diablo ha descendido a ustedes, teniendo gran cólera, sabiendo que tiene un corto espacio de tiempo.” (Revelación 12:7-12.) Así, a medida que se aproxima el fin de este sistema, Satanás va intensificando la oposición a los siervos de Dios.
 Pese a la persecución despiadada, la predicación sigue adelante. La cantidad de proclamadores del Reino ha aumentado de unos pocos miles al final de la I Guerra Mundial a millones hoy en día, pues Jehová prometió: “Sea cual sea el arma que se forme contra ti, no tendrá éxito” (Isaías 54:17). Hasta un miembro del tribunal supremo judío reconoció que nadie podía paralizar una obra de origen divino. Dirigiéndose a los fariseos del siglo primero, les dijo con relación a los discípulos: “Déjenlos (porque si este proyecto o esta obra proviene de hombres, será derribada; pero si proviene de Dios, no podrán derribarlos); de otro modo, quizás se les halle a ustedes luchadores realmente contra Dios” (Hechos 5:38, 39).

Además, Jesús dijo a sus seguidores: “En esto todos conocerán que ustedes son mis discípulos, si tienen amor entre sí” (Juan 13:35). Los miembros de las religiones del mundo, en cambio, se matan unos a otros, con frecuencia por el simple hecho de ser de distinta nacionalidad. La Palabra de Dios indica: “Los hijos de Dios y los hijos del Diablo se hacen evidentes por este hecho: Todo el que no se ocupa en la justicia no se origina de Dios, tampoco el que no ama a su hermano [...;] debemos tener amor unos para con otros; no como Caín, que se originó del inicuo y degolló a su hermano” (1 Juan 3:10-12).
 Jesús enseñó: “Todo árbol bueno produce fruto excelente, pero todo árbol podrido produce fruto inservible; un árbol bueno no puede dar fruto inservible, ni puede un árbol podrido producir fruto excelente. Todo árbol que no produce fruto excelente llega a ser cortado y echado al fuego. Realmente, pues, por sus frutos reconocerán a aquellos hombres” (Mateo 7:17-20). El fruto que producen las religiones de este mundo prueba que son ‘árboles’ podridos, por lo que Jehová los destruirá pronto en la gran tribulación (Revelación 17:16).

Beneficios actuales

 Al ingerir todos nosotros el mismo alimento espiritual, obedecemos las mismas leyes y principios de la Palabra de Dios, lo que impide que nos dividan ideologías políticas y nacionales. Además, cumplimos las elevadas normas morales que Dios establece para sus siervos (1 Corintios 6:9-11). Como consecuencia, en vez de sumirse en la discordia, la desunión y la inmoralidad que reinan en el mundo, el pueblo de Jehová vive en lo que puede llamarse un paraíso espiritual. Note cómo se describe este en Isaías 65:13, 14.
 Es cierto que los siervos humanos de Jehová no son perfectos. Además, les afectan los problemas comunes de este mundo, pues, entre otras cosas, sufren adversidades y son víctimas inocentes de las guerras de las naciones. También les sobrevienen enfermedades, padecimientos y la muerte. Con todo, tienen fe en que, en el nuevo mundo, Dios “limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor” (Revelación 21:4).

jueves, 15 de mayo de 2014

La libertad de que disfrutan los adoradores de Jehová en Cuba

Jehová creó a nuestros primeros padres, les concedió una libertad que superaba con creces a la que cualquier hombre pueda tener hoy. Su hogar era el Paraíso, el hermoso jardín de Edén. Ninguna enfermedad empañaba su alegría de vivir, ya que poseían una mente y un cuerpo perfectos. No los aguardaba la muerte, como ha sucedido con el resto de la humanidad desde entonces. Además, no eran robots, sino que contaban con el maravilloso don del libre albedrío, la facultad de decidir por sí mismos.

 La inclinación a la maldad, agravada por la influencia satánica, produjo una sociedad humana con un historial repleto de odio, crímenes, opresión y guerras, todo lo cual se ha cobrado millones de vidas. ¡Qué diferencia con la libertad que Dios concedió a la humanidad al principio! (Deuteronomio 32:4, 5; Job 14:1, 2; Romanos 5:12; Revelación [Apocalipsis] 12:9.)


¿Dónde puede hallarse libertad?
6 En vista de las deplorables condiciones que reinan hoy en todo el mundo, no sorprende que la gente suspire por mayor libertad. Pero ¿dónde puede hallarse la verdadera libertad? Jesús dijo: “Si permanecen en mi palabra, verdaderamente son mis discípulos, y conocerán la verdad, y la verdad los libertará” (Juan 8:31, 32). Esta libertad no es la que esperan obtener los hombres cuando rechazan a un dirigente político o un tipo de gobierno en favor de otro, sino la que llega a la raíz de los problemas humanos. Jesús habló de liberación de la esclavitud al pecado (Juan 8:24, 34-36). Así, cuando alguien se hace discípulo genuino de él, experimenta un cambio notable en su vida, una liberación.
7 Lo anterior no significa que en la actualidad los cristianos verdaderos ya no sientan los efectos de la tendencia innata al mal. Puesto que han heredado el pecado, todavía luchan contra él (Romanos 7:21-25). No obstante, quien vive en conformidad con las enseñanzas de Jesús ha dejado de ser esclavo del pecado; este ya no actúa en él como un dictador cuyas órdenes deba obedecer ciegamente. No se siente atrapado en un modo de vida carente de propósito que le deje la conciencia sucia. Al contrario, tiene la conciencia limpia ante Dios, pues sus pecados del pasado han sido perdonados por su fe en el sacrificio de Cristo. Las inclinaciones pecaminosas quizá traten de dominarlo, pero si se niega a ceder a ellas porque tiene presentes las enseñanzas puras de Cristo, demuestra que el pecado ya no es su amo (Romanos 6:12-17).
8 Pensemos en las libertades de que disfrutamos los cristianos. Se nos ha liberado de los efectos de las enseñanzas falsas y de la esclavitud a las supersticiones y al pecado. Las maravillosas verdades sobre la condición de los muertos y la resurrección nos han emancipado del temor irracional a la muerte. Aprender que el Reino justo de Dios pronto reemplazará a los imperfectos gobiernos humanos nos libera de la desesperanza (Daniel 2:44; Mateo 6:10). Esto último, sin embargo, no nos autoriza para faltar al respeto a las autoridades ni a sus leyes (Tito 3:1, 2; 1 Pedro 2:16, 17).
Si tomamos en serio lo que nos dicen las Escrituras, adoptaremos decisiones sabias, a diferencia de Adán. Demostraremos que nuestra prioridad en la vida es disfrutar de una buena relación con Jehová.

El deseo de otro tipo de libertad
10 A veces, algunos testigos de Jehová jóvenes —y otros no tan jóvenes— empiezan a anhelar otro tipo de libertad. Tal vez les fascinan las prácticas no cristianas que son populares en el mundo, y cuanto más piensan en ellas, más crece su deseo de adoptarlas. Aunque no pretendan consumir drogas, beber en exceso ni cometer fornicación, comienzan a relacionarse con personas que no son verdaderos cristianos y, en su ansia de ser aceptados por ellas, acaban imitando su forma de hablar y su conducta (3 Juan 11).

En ocasiones, la tentación de participar en conducta no cristiana procede de alguien que dice servir a Jehová. Así les sucedió a algunos cristianos primitivos, y lo mismo puede suceder en nuestros días. Instan a otros a “divertirse” un poco y ‘les prometen libertad, a la vez que ellos mismos son esclavos de la corrupción’ (2 Pedro 2:19).
Esa supuesta libertad siempre produce malos frutos, pues entraña desobedecer las leyes de Dios. Por ejemplo, las relaciones sexuales ilícitas pueden originar problemas emocionales, enfermedades, muertes, embarazos no deseados y rupturas matrimoniales (1 Corintios 6:18; 1 Tesalonicenses 4:3-8). Algunas de las posibles consecuencias del consumo de drogas son las siguientes: irritabilidad, mala articulación verbal, visión borrosa, mareos, dificultades respiratorias, alucinaciones y muerte. Si la persona, además, se vuelve adicta, quizá recurra a actividades delictivas para mantener el vicio. Los resultados del alcoholismo son prácticamente iguales (Proverbios 23:29-35). Quienes siguen ese tipo de conducta tal vez piensen que son libres, pero cuando ya es demasiado tarde, descubren que se han convertido en esclavos del pecado. 
 La Biblia explica: “Cada uno es probado al ser provocado y cautivado por su propio deseo. Entonces el deseo, cuando se ha hecho fecundo, da a luz el pecado; a su vez, el pecado, cuando se ha realizado, produce la muerte” (Santiago 1:14, 15). ¿Qué despierta dicho deseo? Lo que se introduce en la mente, sobre todo cuando uno se relaciona con personas que no siguen los principios bíblicos. Todos sabemos, claro está, que debemos evitar “las malas compañías” (1 Corintios 15:33).
¿Significa el hecho de que alguien parezca honorable que sea una buena compañía? (Génesis 34:1, 2, 18, 19.)
¿Pudieran indicar la conversación y los chistes de alguien si conviene que nos relacionemos estrechamente con él? (Efesios 5:3, 4.)
¿Qué pensará Jehová si escogemos como amigos íntimos a personas que no lo aman? (2 Crónicas 19:1, 2.)
Si en el trabajo o la escuela tratamos con personas que no comparten nuestra fe, ¿por qué debemos tener cuidado? (1 Pedro 4:3, 4.)
Cuando vemos la televisión o películas, usamos Internet o leemos libros, revistas y periódicos, en cierto modo nos estamos relacionando con otras personas. ¿Contra qué tipo de información procedente de tales fuentes debemos estar en guardia? (Proverbios 3:31; Isaías 8:19; Efesios 4:17-19.)
¿Qué le dicen a Jehová sobre la clase de personas que somos las amistades que escogemos? (Salmo 26:1, 4, 5; 97:10.)