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jueves, 15 de mayo de 2014

Buena apariencia

¿Qué implica?
Vestir con pulcritud y modestia. Ir bien peinado. Adoptar una postura que refleje interés.
¿POR QUÉ ES IMPORTANTE?
Nuestro aspecto puede influir en la opinión que otras personas se formen de nuestras creencias cristianas y del modo de vida que recomendamos.



SU APARIENCIA dice mucho de usted. Mientras que Jehová ve lo que hay en el corazón, los seres humanos normalmente basan sus juicios en “lo que aparece a los ojos” (1 Sam. 16:7). Si su apariencia es pulcra, los demás quizá concluyan que es una persona con amor propio y se muestren más dispuestos a escucharlo. La indumentaria apropiada también habla bien de la organización a la que representa, y repercute de manera positiva en la opinión que tengan sus oyentes del Dios al que adora.
Pautas que seguir. Las Escrituras no dictan muchas normas en cuanto a laapariencia, pero contienen principios equilibrados que nos ayudan a tomar buenas decisiones. Para ello, es fundamental que “[hagamos] todas las cosas para la gloria de Dios” (1 Cor. 10:31). ¿Qué principios son aplicables a este respecto?
En primer lugar, la Biblia nos anima a que tanto nuestro cuerpo como nuestra ropaestén limpios. En la Ley que Jehová dio al antiguo Israel, se estipulaban ciertas pautas de higiene. Por ejemplo, los sacerdotes que estaban de servicio debían bañarse y lavar sus prendas de vestir en determinadas ocasiones (Lev. 16:4, 24, 26, 28). Los cristianos no estamos bajo la Ley mosaica, pero los principios que de ella se desprenden siguen vigentes (Juan 13:10; Rev. 19:8). De modo que debemos tener el cuerpo y la ropa limpios y evitar el mal aliento, sobre todo cuando vamos a las reuniones o participamos en el ministerio del campo, a fin de que nuestra presencia no resulte desagradable. Quienes pronuncian discursos o presentan demostraciones ante la congregación han de ser ejemplares en este aspecto. Cuidar la apariencia es una muestra de respeto a Jehová y su organización.
En segundo lugar, la Biblia nos exhorta a cultivar la modestia y el buen juicio. El apóstol Pablo instó a las cristianas a adornarse “con modestia y buen juicio, no con estilos de cabellos trenzados y oro o perlas o traje muy costoso, sino como es propio de mujeres que profesan reverenciar a Dios” (1 Tim. 2:9, 10). Los hombres también deben reflejar modestia y buen juicio al vestirse y arreglarse.
La persona modesta no desea ofender innecesariamente a nadie ni llamar demasiado la atención. El buen juicio nos hace discretos y sensatos. Si cultivamos estas cualidades y obedecemos las normas divinas, seremos equilibrados. Esto no significa que tengamos que vestirnos de forma poco atractiva; más bien, subraya la necesidad de elegir nuestro atuendo con prudencia y evitar las modas extravagantes (1 Juan 2:16). Debemos poner en práctica estos principios, sea que estemos en las reuniones, participando en el ministerio del campo o realizando cualquier otra actividad. La modestia y el buen juicio son importantes incluso cuando llevamos ropa informal. En la escuela y en el trabajo surgirán oportunidades de predicar; por tanto, aunque no vayamos vestidos como cuando asistimos a las reuniones y asambleas, nuestra indumentaria debe ser modesta y estar limpia y cuidada.
Claro, ni todos vestimos igual ni se espera que lo hagamos, pues es natural que los gustos difieran. Sin embargo, siempre hemos de obedecer las pautas bíblicas.
El apóstol Pedro indicó que aún más importante que el peinado o la ropa es “la persona secreta del corazón” (1 Ped. 3:3, 4). Cuando nuestro corazón rebosa de amor, gozo, paz, bondad y una fe bien fundada, estas cualidades constituyen una vestimenta espiritual que verdaderamente honra a Dios.
En tercer lugar, la Biblia nos insta a ir bien arreglados. En 1 Timoteo 2:9 se hace mención del “vestido bien arreglado”. Aunque el apóstol Pablo se refería al atuendo femenino, este principio es aplicable al de los hombres, quienes también han de vestir con pulcritud. Sin importar cuánto poseamos en sentido económico, podemos tener una buena apariencia.
Uno de los rasgos físicos que primero llaman la atención es el cabello, por lo que debe llevarse limpio y bien peinado. Tanto las costumbres locales como los factores hereditarios guardan estrecha relación con nuestro estilo de peinado, aspectos que Pablo tuvo presentes al dar el consejo recogido en 1 Corintios 11:14, 15. Sin embargo, un peinado que cause la impresión de que quien lo luce intenta parecerse al sexo opuesto está en conflicto con los principios bíblicos (Deu. 22:5).
En el caso de los hombres, la buena apariencia incluye que vayan afeitados y con el bigote bien recortado, en las regiones donde llevarlo esté bien visto.
En cuarto lugar, nuestra apariencia no ha de reflejar amor a este mundo y suscaminos. El apóstol Juan advirtió: “No estén amando ni al mundo ni las cosas que están en el mundo” (1 Juan 2:15-17). El sistema actual se caracteriza por un sinnúmero de deseos pecaminosos. Entre ellos Juan menciona el deseo de la carne y la exhibición ostentosa de las posesiones. Las Escrituras también hacen referencia al espíritu de rebelión y de desobediencia a la autoridad (Pro. 17:11; Efe. 2:2). Dichos deseos y actitudes a menudo se evidencian en la forma de vestir y arreglarse de algunas personas, cuya apariencia es inmodesta, sensual, de mal gusto o desaliñada. Puesto que somos siervos de Jehová, evitaremos las modas que no reflejen la personalidad cristiana.
En vez de imitar al mundo, sigamos el buen ejemplo de los hombres y mujeres maduros en sentido espiritual de la congregación. Los jóvenes que en un futuro deseen pronunciar discursos públicos hacen bien en observar cómo visten quienes ya desempeñan esa responsabilidad. Todos podemos aprender de los que llevan muchos años participando lealmente en el ministerio público (1 Tim. 4:12; 1 Ped. 5:2, 3).
En quinto lugar, al decidir qué es apropiado, hemos de tener en cuenta que “hasta elCristo no se agradó a sí mismo” (Rom. 15:3). El interés principal de Jesús era cumplir la voluntad de Dios. También antepuso la ayuda a los demás a su conveniencia personal. ¿Qué haremos si determinado tipo de atuendo o arreglo personal supone una barrera entre nosotros y la gente del lugar donde ahora servimos? Tomaremos una decisión sabia si imitamos la humildad de Jesús. El apóstol Pablo hizo constar el siguiente principio: “De ninguna manera estamos dando causa alguna para tropiezo” (2 Cor. 6:3). Por esa razón no luciremos un peinado o una vestimenta que despierte el prejuicio de las personas a quienes deseamos predicar.
La postura. La buena apariencia también implica guardar una postura correcta. Claro, todos tenemos un porte distinto, y no se trata de conformarnos a un modelo específico. Pero es interesante señalar que en la Biblia mantenerse erguido denota dignidad y optimismo (Lev. 26:13; Luc. 21:28). Es comprensible que algunos hermanos, ya sea por haber trabajado durante años en una posición forzada o a causa de la edad o la falta de fuerzas, no puedan evitar encorvarse o necesiten algún apoyo. Sin embargo, es recomendable que quienes sean capaces de ponerse razonablemente derechos al hablar, así lo hagan, a fin de no transmitir una imagen de indiferencia o apocamiento. Del mismo modo, aunque no está mal que el orador descanse las manos de vez en cuando en el atril, por lo general el auditorio se llevará una mejor impresión si no se apoya en él.
Equipo en buen estado. No basta con ir limpios y bien arreglados, sino que también las publicaciones y demás objetos que empleamos en la predicación han de encontrarse en buenas condiciones.
Pensemos en nuestra Biblia. No todos podremos obtener una Biblia nueva cuando se deteriore la que tengamos. Sin embargo, prescindiendo del tiempo que la hayamos utilizado, debe resultar obvio que ha recibido un buen trato.
Aunque hay, desde luego, muchas formas de preparar el maletín de la predicación, siempre ha de estar limpio y ordenado. ¿Ha visto alguna vez papeles cayéndose de la Biblia cuando un publicador trataba de leer un pasaje al amo de casa o mientras un hermano pronunciaba un discurso ante la congregación? Le distrajo, ¿verdad? Si los papeles que se guardan en la Biblia son una fuente de distracción, ponerlos en otro lugar contribuirá a que su equipo luzca presentable. Tenga asimismo en cuenta que dejar en el suelo la Biblia u otras publicaciones religiosas se considera una grave falta de respeto en algunas culturas.
La buena apariencia debe ser importante para nosotros, pues influye en cómo nos ven los demás. No obstante, la razón principal estriba en que deseamos adornar “en todas las cosas [...] la enseñanza de nuestro Salvador, Dios” (Tito 2:10).
EXAMINE SU APARIENCIA
¿Lleva todo limpio?
¿Refleja su aspecto modestia y buen juicio?
¿Va bien arreglado?
¿Tiene el cabello limpio y peinado?
¿Hay algo en su forma de arreglarse que revele amor al mundo?
¿Tiene alguna razón de peso para creer que su apariencia pudiera hacer tropezar a alguien?

martes, 29 de abril de 2014

Acosan en escuelas de Cuba a Testigos de Jehová

En este reportaje publicado por el Institute for War and Peace Reporting, la abogada independiente Yaremis Flores muestra cómo no acatar la ideología oficial expone a discriminación a miembros de grupos religiosos.

Una mujer que pertenece al grupo religioso Testigos de Jehová presentó el mes pasado una denuncia ante el Fiscal General de la República de Cuba, en la que denuncia la discriminación de que son objeto en la escuela sus tres hijas en edad escolar. 
 
Ella sostiene que las autoridades han tolerado estos actos discriminatorios, incluyendo violencia física y verbal, que han obligado a las tres estudiantes a faltar a clases, y a sus padres, a mudarse a otra provincia.
 
"Exijo una solución, porque [las autoridades] son responsables de proteger a los jóvenes", dijo la mujer, a quien identificaremos con el seudónimo de “Ana” para proteger la identidad de su familia. "Estoy harta del maltrato que reciben mis hijas, y  de que nadie esté haciendo algo al respecto", se quejó.
 
Su apelación al Fiscal General sigue a reclamaciones nunca atendidas en otras instituciones del Estado. Cuba no cuenta con un mecanismo jurídico para atender las quejas sobre violaciones de la libertad religiosa.
 
Ana explicó que debido a los valores en los que creen los Testigos de Jehová, "las niñas no visten el uniforme escolar, pues nuestra religión lo prohíbe. Tampoco cantan el himno nacional, ni rinden tributo a los símbolos patrios".
 
El problema comenzó en Bayamo, cabecera de la oriental provincia de Granma, donde las tres chicas se buscaron problemas por no tomar parte en las actividades políticas que tipifican la vida escolar en Cuba. Esto fue anotado en un informe docente acerca de una de ellas como la razón por la que había reprobado el quinto grado.

"La persona a cargo de los asuntos religiosos en la provincia me advirtió que si mis hijas no asistían a actividades políticas, no pasarían de grado", aseguró Ana.
 
Para el año escolar 2011-2012, la familia regresó a La Habana, la capital. A la menor que no aprobó el quinto grado se le permitió volver a clases pero, según Ana, "los problemas continuaron”.
 
Otra de sus hijas se quejó de que la maestra la había golpeado en la cabeza. Los padres informaron del hecho a la policía, pero el caso fue archivado.
 
Ana señala que la escuela no hizo nada, y las niñas siguen siendo maltratadas por sus profesores, e intimidadas por sus condiscípulos.
 
Las tres están perturbadas, y se inventan enfermedades para no ir a la escuela. Ana dice que no han asistido a clases por casi dos meses.
 
Desde el año 1974 el gobierno cubano no reconoce a los Testigos de Jehová como un grupo religioso legítimo. En su último anuario, la secta afirma que posee 1.400 congregaciones en Cuba, y más de 9.500 miembros activos.
 
El sistema de educación pública está fuertemente politizado, y los reglamentos escolares vigentes requieren que todos los alumnos estén "dispuestos a defender la patria socialista". Algo que los testigos de Jehová no pueden hacer, ya que son objetores de conciencia.
 
(Este artículo fue publicado originalmente en inglés en el sitio web delInstitute for War and Peace Reporting, entidad con sede en Londres que se encarga de “dar voz a las personas en los frentes de conflicto, crisis y cambios”).

Fuente: http://www.martinoticias.com/content/article/20921.html

viernes, 25 de abril de 2014

Una cara nueva para Mailyn. RELATADO POR LA MADRE DE MAILYN

¿Por qué necesitaba Mailyn, mi querida hija de 11 años, una cara nueva? Permítame explicárselo.
Mailyn, la segunda de mis dos hijas, nació el 5 de agosto de 1992 en Holguín (Cuba). Su llegada nos llenó de felicidad a su padre, a su hermana y a mí. Sin embargo, nuestra alegría duró poco. Unos cuantos días después de su nacimiento, enfermé de varicela y, un mes más tarde, Mailyn se contagió.
En un principio, su estado no parecía ser grave, pero empeoró y tuvo que ser hospitalizada. Aunque recibió buena atención médica, el sistema inmunitario de Mailyn se había debilitado tanto que contrajo una infección. Descubrí un extraño enrojecimiento al lado de su pequeña nariz, causado —según diagnosticaron los doctores— por un tipo de bacteria raro y muy agresivo.
A pesar de los antibióticos que se le administraron de inmediato, en cuestión de pocos días, la bacteria comenzó a desfigurarle el rostro. Para cuando los médicos lograron contener la infección, Mailyn ya había perdido prácticamente toda la nariz, los labios y partes de la encía y el mentón. Además, tenía perforaciones al lado de uno de los ojos.
Cuando su padre y yo la vimos, rompimos a llorar. ¿Cómo pudo ocurrirle algo así a nuestra pequeña? Mailyn estuvo en cuidados intensivos durante varios días, pero los médicos dudaban que sobreviviera. Mi esposo no dejaba de repetirme: “Prepárate para lo peor”. Aun así, al introducir mi mano en la incubadora para tomar la manito de Mailyn, ella se agarraba con tanta fuerza a la mía que yo sabía que saldría adelante. “Nuestra hija no va a morir. ¿Pero qué clase de vida llevará en este estado?”, le decía a mi marido. Nos despertábamos cada mañana pensando que tal vez todo fuera una pesadilla.
Mientras estuvimos en el hospital, mis padres cuidaron de Maydelis, nuestra hija mayor, quien por entonces tenía seis años. Ella esperaba con anhelo el regreso a casa de su hermanita, una preciosa “muñeca” de grandes ojos azules. Sin embargo, cuando la volvió a ver, Mailyn tenía un aspecto horrible.
“¿Por qué tiene que sufrir tanto mi hija?”
Tras mes y medio en el hospital, Mailyn fue dada de alta. Para que nadie la viera, no regresamos a nuestro hogar en la ciudad. Nos aislamos en una casita de campo, cercana a la granja de mis padres.
Al principio, como Mailyn era incapaz de mamar, le daba pequeñas cantidades de leche materna a través de un orificio en el rostro donde una vez estuvo su boquita. Sin embargo, cuando las heridas comenzaron a sanar, esa abertura casi se cerró por completo. La única manera de darle de comer era con biberón. Al cumplir su primer año de vida, regresamos a Holguín, donde los médicos la sometieron a dos intervenciones a fin de ensancharle el orificio.
Continuamente me preguntaba por qué tenía que sufrir tanto mi hija. Busqué la respuesta en el espiritismo y recé a las imágenes que tenía, pero nada me consolaba. Los hirientes comentarios de algunos familiares y amigos me confundían todavía más. Unos decían: “Dios sabe por qué permite estas cosas”. Y otros: “De seguro es un castigo de Dios”. También me angustiaba pensar en qué le diría a mi hija cuando creciera. En una ocasión, siendo todavía muy pequeña, Mailyn le preguntó a su padre: “¿Por qué no tengo nariz como todos los demás?”. Su padre no fue capaz de responderle, y salió fuera a llorar. Yo traté de hacerle entender lo que había ocurrido. Todavía hoy recuerda mi historia de que un animalito le había comido la nariz y la boca.
Un rayo de esperanza
Justo en el momento en que más frustrada me sentía, recordé que mi vecina era testigo de Jehová. Le pedí que me mostrara con la Biblia por qué permitía Dios que mi pequeña sufriera tanto. También le pregunté: “Si esta enfermedad es un castigo de Dios por algo que hice yo, ¿por qué tiene que pagarlo Mailyn?”.
Empecé a estudiar la Biblia con mi vecina empleando el libro Usted puede vivir parasiempre en el paraíso en la Tierra.* Poco a poco llegué a comprender que Dios no es el culpable de lo que había ocurrido y que de veras se interesa por nosotros (Santiago 1:13; 1 Pedro 5:7). Llegué a tener en gran estima la maravillosa esperanza de que el Reino celestial en manos de Jesucristo acabará con el sufrimiento (Mateo 6:9, 10; Revelación [Apocalipsis] 21:3, 4). Todo este conocimiento me fortaleció y me impulsó a asistir a las reuniones cristianas de los testigos de Jehová. En un principio, mis nuevas inclinaciones espirituales no fueron del agrado de mi esposo. Sin embargo, no me impidió seguir estudiando la Biblia, con tal que me ayudara a sobrellevar la tragedia.
Ayuda desde el extranjero
Cuando Mailyn tenía dos años, un ilustre cirujano plástico de México se enteró de su caso y se ofreció a atenderla gratuitamente. En 1994 le practicaron las primeras operaciones. Mailyn y yo permanecimos en México durante casi un año. Dado que al principio no logramos ponernos en contacto con los testigos de Jehová, no pudimos asistir a las reuniones cristianas, lo que me debilitó en sentido espiritual. Entonces, nos encontró un Testigo del lugar, y comenzamos a relacionarnos de nuevo con los hermanos tanto como nos fue posible. De vuelta en Cuba, reanudé mi estudio bíblico y me recobré espiritualmente.
Por aquel entonces, a mi esposo todavía no le atraía la Biblia. Intentando despertar su interés, empecé a pedirle que me leyera algunas porciones de las publicaciones bíblicas con la excusa de que yo pudiera entenderlas mejor. Con el tiempo decidió aceptar un estudio de la Biblia, preocupado por que los constantes y prolongados viajes a México fueran a perjudicar nuestra relación familiar. Creía que compartir los mismos intereses espirituales nos ayudaría a sobrellevar mejor los períodos de separación. Y así fue. Mi esposo, mi hija mayor y yo nos bautizamos como testigos de Jehová en 1997.
Durante nuestros primeros viajes a México, Mailyn se lamentaba de que aquel animalito le hubiera comido la cara y de que ahora tuviéramos que estar lejos de su papá y su hermana. Era desgarrador separar a la familia por tanto tiempo. Recuerdo, no obstante, una visita en particular a la sucursal de los testigos de Jehová de México, conocida como Betel, que nos levantó mucho el ánimo. Mailyn había estado diciendo que no quería que la volvieran a operar —por quinta vez esa temporada— debido a la dolorosa convalecencia. Pero algunos Testigos que servían en la sucursal le prometieron que, si era valiente y permitía que los médicos la operaran, le organizarían una fiesta cuando saliera del hospital. De modo que ella accedió.
Permita que sea Mailyn la que explique cómo se sentía: “Estaba tan ilusionada con la idea de tener una fiesta en Betel que me enfrenté con mucho valor a la operación. Acompañada de tantos hermanos y hermanas espirituales, lo pasé muy bien. Todavía guardo todas las tarjetas que me regalaron. El ánimo que recibí me dio fuerzas para aguantar las siguientes intervenciones”.
Progreso y ayuda para aguantar
Mailyn, que ahora tiene 11 años, ha sido sometida a veinte intervenciones quirúrgicas a fin de reconstruirle el rostro. Aunque ha mejorado mucho, todavía no puede abrir la boca por completo. Sin embargo, siempre ha dado muestras de una actitud valiente y positiva, así como de valorar las cosas espirituales. Lleva matriculada en la Escuela del Ministerio Teocrático de nuestra congregación desde que tenía seis años, y el 27 de abril de 2003 se bautizó. Incluso ha dirigido simultáneamente tres estudios de la Biblia. En cierta ocasión, mientras estábamos en México, le habló a un hombre que aceptó estudiar la Biblia con ella. Mailyn lo invitó a la Conmemoración de la muerte de Cristo y a otras reuniones de congregación, a las que asistió muy interesado.
Cuando Mailyn predica de casa en casa, algunas personas, al observar su cara, le preguntan si se quemó. Mailyn aprovecha la oportunidad para darles a conocer su esperanza basada en la Biblia de que Jehová le dará una cara nueva en el venidero Paraíso (Lucas 23:43).
No se puede describir el dolor que Mailyn ha sufrido a causa de las intervenciones quirúrgicas y de las burlas de otros niños. ¿Cómo ha logrado soportarlo? Mailyn responde con convicción: “Para mí, Jehová es muy real. Me da la fuerza y el valor para aguantar. No deseo someterme a más operaciones porque los médicos ya no pueden hacer mucho por mí. Nunca lograrán dejarme igual que cuando nací. Pero sé que Jehová me dará una cara nueva en el nuevo mundo y que volveré a ser bonita otra vez”.