El ángel de Jehová está acampando todo en derrededor de los que le temen, y los defiende. Salmos 34:7
domingo, 28 de diciembre de 2014
Los excesos en Navidad
Los excesos en Navidad son unos de los mayores inconvenientes de estas fiestas de origen pagano ( no son fiestas cristianas ) los excesos navideños provocan aumento de peso y molestias digestivas.
Con la llegada de la Navidad, muchas familias trabajan a destajo para la elaboración de deliciosas y ricas recetas, menús o incluso fiestas con un marcado origen pagano.
Las comidas de Navidad o Año Nuevo, que a su vez unidas a las populares comidas de empresa o incluso otras familiares, pueden llegar a producir algún que otro quebradero de estómago, que no de cabeza.
Los expertos estiman que, durante las Navidades, en general se suele engordar unos aproximadamente 3 kilos de media, algo que se traduce en que, en sólo unos días, llegarás a consumir absolutamente las mismas calorías que comerías, por ejemplo, durante una semana en cualquier otro momento del año.
¿A qué da énfasis la Navidad?
Millones de personas ven la Navidad como un tiempo para estar con la familia y los amigos, un tiempo para reforzar los lazos afectivos entre sí. Otros la consideran una ocasión propicia para reflexionar sobre el nacimiento de Jesucristo y el papel que desempeña en la salvación del hombre.
Con el paso de los años, esta fiesta se ha comercializado cada vez más. Al igual que en Occidente, la Navidad se ha convertido en una de las mejores fuentes de ganancias para fabricantes, mayoristas y comerciantes. Los adornos navideños se exhiben prominentemente en los escaparates. En las tiendas se escucha música navideña y villancicos de estilo occidental, hasta hace poco desconocidos en Rusia. Vendedores con grandes bolsas llenas de chucherías navideñas ofrecen su mercancía en los trenes urbanos y en otros medios de transporte público. Estas son las escenas que ahora predominan en Navidad.
Incluso a quienes no ven nada malo en este mercantilismo descarado tal vez les perturbe otro elemento: el abuso del alcohol y todas sus secuelas.
¿Honra en realidad a Cristo el modo como se celebran estas fiestas?
Es obvio que mucha gente no tiene una conducta cristiana durante las fiestas de fin de año. No obstante, aunque esto inquiete a algunos, quizás piensen que deben observarlas por respeto a Dios y a Cristo. Su deseo de agradar a Dios es encomiable, pero ¿agradan realmente a Dios y a Cristo las Navidades? Examinemos sus orígenes.
Prescindiendo de lo que uno opine sobre la postura soviética tocante a la Navidad, es difícil rebatir los siguientes hechos históricos mencionados en la Great Soviet Encyclopedia: “La Navidad [...] se tomó prestada de la adoración precristiana de dioses que ‘morían y resucitaban de entre los muertos’, muy popular sobre todo entre los pueblos agrícolas que, durante el solsticio de invierno del 21 al 25 de diciembre, acostumbraban celebrar anualmente el ‘nacimiento’ del Dios salvador, que hace renacer la naturaleza”.
Tal vez le llame la atención lo que esta misma enciclopedia señala con exactitud: “El cristianismo de los primeros siglos desconocía la celebración de la Navidad. [...] Desde mitad del siglo IV, el cristianismo asimiló la celebración del solsticio de invierno en honor a Mitra y la convirtió en la celebración de la Navidad. Los primeros que celebraron la Navidad fueron las comunidades religiosas de Roma. En el siglo X, la Navidad, junto con el cristianismo, se extendió a Rusia, donde se fusionó con la celebración invernal de los antiguos eslavos, en la que se honraba a los espíritus de los antepasados”.
Puede que usted se pregunte: “¿Qué dice la Palabra de Dios, la Biblia, sobre la afirmación de que Jesús nació el 25 de diciembre?”. La realidad es que la Biblia no da la fecha del nacimiento de Jesús, y no hay pruebas de que él la haya mencionado y mucho menos de que haya mandado celebrarla. Sin embargo, las Escrituras sí nos ayudan a determinar en qué época del año nació Jesús.
Los capítulos 26 y 27 del Evangelio de Mateo indican que Jesús fue ejecutado el 14 de nisán, al final del día de la Pascua judía que correspondió al 31 de marzo del año 33 de nuestra era. El Evangelio de Lucas nos enseña que Jesús tenía como 30 años cuando se bautizó y emprendió su ministerio (Lucas 3:21-23). Ese ministerio duró tres años y medio. Por lo tanto, Jesús tenía unos 33 años y medio cuando murió, y hubiera cumplido 34 aproximadamente el 1 de octubre del año 33. Lucas cuenta que cuando Jesús nació, había pastores que “vivían a campo raso y guardaban las vigilias de la noche sobre sus rebaños” (Lucas 2:8). Los pastores no podrían haber estado a la intemperie con sus rebaños en el frío mes de diciembre, cuando incluso cae nieve en Belén. Pero sí podrían haber estado allí alrededor del 1 de octubre, el tiempo en que, según indican los hechos, nació Jesús.
¿Y la celebración del día de Año Nuevo? Como hemos visto, se caracteriza por el comportamiento libertino, y a pesar de los intentos por secularizarlo, este festejo también tiene un origen turbio.
En vista de los hechos que se han expuesto sobre las fiestas de fin de año, está claro que no centran la atención en Jesús. Si a usted le perturban el mercantilismo y la conducta impropia que se observan en las Navidades, así como sus desagradables orígenes paganos, no se desanime. Hay una manera apropiada de dar la debida reverencia a Dios, honrar a Cristo, y al mismo tiempo reforzar los lazos familiares.
Una mejor manera de honrar a Dios y a Cristo
La Biblia nos dice que Jesucristo vino “para dar su alma en rescate en cambio por muchos” (Mateo 20:28). Él dejó que lo ejecutaran, sí, estuvo dispuesto a morir por nuestros pecados. Algunas personas que quieren honrar a Cristo tal vez piensen que pueden hacerlo durante la Navidad. No obstante, como hemos visto, la Navidad y el Año Nuevo tienen muy poco que ver con Cristo y hunden sus raíces en celebraciones paganas. Además, la época navideña, por atrayente que sea para algunos, se caracteriza por el mercantilismo descarado. También hay que admitir que estas fiestas van asociadas a conducta vergonzosa que desagrada a Dios y a Cristo.
En vista de esto, ¿cómo debería reaccionar la persona que desea agradar a Dios? En vez de aferrarse a tradiciones humanas que tal vez satisfagan sus sentimientos de religiosidad pero que están en pugna con las Escrituras, debe buscar la verdadera forma de honrar a Dios y a Cristo. ¿Cuál es esta, y qué debemos hacer?
Cristo mismo nos dice: “Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo” (Juan 17:3). Así es, la persona sincera procura adquirir conocimiento exacto sobre cómo honrar a Dios y a Cristo, y luego pone en práctica lo aprendido no solo en cierta época del año, sino en su vida diaria. A Dios le complacen esos esfuerzos genuinos, que pueden llevar a la persona a la vida eterna.
¿Puede una festividad pagana convertirse en cristiana?
¿Cuál es el origen de muchas tradiciones navideñas? El periódico del Vaticano, L’Osservatore Romano, hizo algunos comentarios interesantes.
En lo que se refiere a la fecha en que se celebra la Navidad, el rotativo católico dijo: “Históricamente, la verdadera fecha del nacimiento de Jesús permanece bajo un velo de incertidumbre que no han podido levantar ni la historia romana, ni el censo imperial de aquella época, ni la investigación de siglos posteriores. [...] La fecha del 25 de diciembre, como es bien sabido, fue escogida por la Iglesia de Roma en el siglo IV. En la Roma pagana, este día estaba dedicado al dios Sol [...]. Aunque el cristianismo ya estaba asentado en Roma a partir del edicto de Constantino, el mito [del] dios Sol todavía estaba muy difundido, especialmente entre los soldados romanos. Las festividades [...] que giraban en torno al 25 de diciembre estaban tan arraigadas en la tradición popular que la Iglesia de Roma pensó darle a esa fecha un sentido religioso cristiano. Para ello, se sustituyó al dios Sol por el verdadero Sol de Justicia, Jesucristo, escogiendo este día como fecha de su nacimiento”.
¿Y qué se puede decir del árbol de Navidad, que ya forma parte de la tradición católica?
El citado artículo indicó que, antiguamente, a muchas plantas de hoja perenne, “como el acebo, el arrayán, el laurel y las ramas de pino o de abeto, se les atribuía poderes mágicos o medicinales que protegían de las enfermedades”. El periódico agregó: “En la Nochebuena, el 24 de diciembre, se debía recordar a Adán y Eva y el famoso episodio del Árbol del Paraíso terrenal [...]. El árbol tendría que haber sido un manzano, pero como en invierno habría sido inservible por carecer de follaje, en su lugar se puso un abeto. De sus ramas se colgaban o bien manzanas, o bien obleas que simbolizaban la futura llegada de la Redención. Estas obleas —galletas prensadas con moldes especiales— representaban la presencia eucarística de Jesús. El árbol también se adornaba con dulces y regalos para los niños”. ¿Y qué ha ocurrido desde ese entonces?
Hablando de que la tradición del árbol de Navidad empezó en Alemania en el siglo XVI, L’Osservatore Romano indicó: “Italia fue una de las últimas naciones en acoger el árbol de Navidad, debido en parte al rumor bastante difundido de que el árbol era una costumbre protestante y, por lo tanto, debía sustituirse por el pesebre [o nacimiento]”. Fue el papa Pablo VI quien “dio inicio a la tradición de levantar [en la plaza de San Pedro] un gran árbol de Navidad junto al pesebre”.
Y usted, ¿qué opina? ¿Cree que está bien que líderes religiosos den un significado aparentemente cristiano a acontecimientos y símbolos cuyas raíces se hunden en el paganismo antiguo? Las Escrituras señalan cuál debe ser el punto de vista del cristiano verdadero al advertir: “¿Qué consorcio tienen la justicia y el desafuero? ¿O qué participación tiene la luz con la oscuridad?” (2 Corintios 6:14-17).
¿QUE SEMEJANZAS TIENEN EL CULTO A LA VIRGEN MARIA CON UN NIÑITO EN BRAZOS, MICKEY MOUSE Y ELPIDIO VALDÈS?
QUE LOS 4 NACEN DE LA IMAGINACION DEL HOMBRE
Si quieres saber más sobre el origen del culto a la virgen puede leer los siguientes artículos haciendo click en el enlace:http://wol.jw.org/es/wol/s/r4/lp-s?q=virgen%20mar%C3%ADa
¿Cómo podría una persona ser culpable de adulterio espiritual?
Según la Biblia, quien mezcla el culto a Dios con el amor al mundo comete adulterio espiritual (Santiago 4:4). Babilonia la Grande ciertamente encaja con esa descripción. Además, se dice que fomenta el espiritismo, lo cual es un acto religioso (Revelación 18:23).
Al cometer fraude, asesinato, robo, adulterio, idolatría y prostitución espiritual, el pueblo demuestra que no tiene conocimiento de Dios; deberá rendir cuentas
¿Cómo podría una persona ser culpable de adulterio espiritual?
En sentido espiritual, el término adulterio denota infidelidad a Jehová por parte de aquellos que están en una relación pactada con Él. Por consiguiente, el Israel natural, que estaba bajo el pacto de la Ley, fue culpable de adulterio espiritual debido a sus prácticas religiosas falsas, entre las que se contaban ritos de adoración sexual y otras violaciones del séptimo mandamiento. (Jer 3:8, 9; 5:7, 8; 9:2; 13:27; 23:10; Os 7:4.) Por razones similares, Jesús denunció a la generación de judíos de su día llamándola adúltera. (Mt 12:39; Mr 8:38.) Asimismo, si en la actualidad un cristiano dedicado a Jehová que ha sido introducido en el nuevo pacto se contamina con el sistema de cosas actual, comete adulterio espiritual. (Snt 4:4.)
viernes, 5 de diciembre de 2014
FIESTAS QUE DESAGRADAN A DIOS
Jesús dijo que los verdaderos siervos de Dios “adorarán al Padre con
espíritu y con verdad, porque, en realidad, el Padre busca a los de esa
clase para que lo adoren” (Juan 4:23). Jehová encuentra a quienes aman
la verdad y los atrae al lado de él y de su Hijo (Juan 6:44).
La Biblia nunca menciona que se celebrara el nacimiento de Jesús. De hecho, no sabemos a ciencia cierta cuándo tuvo lugar. De lo que sí podemos estar seguros es de que no fue el 25 de diciembre.* ¿Por qué? Para empezar, porque en Israel esa fecha cae en el frío invierno, mientras que, como indica Lucas 2:8-11, el día que nació Jesús había “pastores que vivían a campo raso” con sus rebaños. (Es obvio que no se quedaban al aire libre todo el año, pues de ser así no habría tenido sentido destacar este detalle.) Y en invierno suelen caer en Belén frías lluvias e incluso nieve, razón por la que los pastores no se quedaban “a campo raso” cuidando las ovejas, sino que las guardaban a cubierto. Tampoco hay que olvidar el motivo por el que habían ido José y María a Belén: para cumplir con el censo ordenado por Augusto (Lucas 2:1-7). Es muy poco probable que, sabiendo la antipatía que sentían los judíos por Roma, aquel emperador los obligara a viajar a las ciudades de sus antepasados en pleno invierno.
Entonces, ¿dónde se encuentran las raíces de la Navidad? No en la Biblia, sino en antiguas festividades paganas. Una de ellas recibía el nombre de saturnales y estaba dedicada a Saturno, el dios romano de la agricultura. Otra era “el nacimiento del ‘Sol invencible’”, que, según la Enciclopedia de la Religión Católica, tenía lugar el 25 de diciembre, día sagrado para los devotos del dios solar Mitra. Esta obra añade que “la Iglesia comenzó celebrando el nacimiento de [Cristo]” en esa fecha “para hacer concurrencia a esta fiesta pagana consagrada al nacimiento del Sol natural (Mitra)”. Y hay que señalar que esto ocurrió unos trescientos años después de la muerte de Jesús.
Durante aquellos festejos, los paganos intercambiaban regalos y hacían banquetes, prácticas que se han conservado en las Navidades. Pero el espíritu con que se realizan muchos regalos navideños no es el que se indica en 2 Corintios 9:7: “Que cada uno haga tal como lo ha resuelto en su corazón, no de mala gana ni como obligado, porque Dios ama al dador alegre”. Los cristianos verdaderos damos regalos por amor, sin esperar nada a cambio, y no porque se considere obligatorio hacerlo en una fecha (Lucas 14:12-14; Hechos 20:35). Además, estamos muy contentos de habernos librado de una pesada carga: todas las tensiones y deudas que suelen generarse en esa temporada (Mateo 11:28-30; Juan 8:32).
Quizás alguien proteste: “¿Acaso no le hicieron regalos los magos a Jesús para celebrar su nacimiento?”. En realidad, no. Aquellos astrólogos le hicieron obsequios en reconocimiento de que era un personaje ilustre, según la costumbre de tiempos bíblicos (1 Reyes 10:1, 2, 10, 13; Mateo 2:2, 11). De hecho, no fueron a verlo al pesebre la noche que vino al mundo, sino que lo visitaron en su casa, muchos meses después.
En la antigüedad, el nacimiento de un hijo solía ser, como hoy, causa de mucho gozo. Sin embargo, la Biblia no menciona que ningún siervo de Dios celebrara su cumpleaños (Salmo 127:3). ¿Será una omisión casual? No, porque sí habla de dos fiestas de cumpleaños: la de un faraón y la de Herodes Antipas (Génesis 40:20-22; Marcos 6:21-29). Y presenta ambas ocasiones con tintes negativos, sobre todo la última, la cual llevó a que se decapitara a Juan el Bautista.
Según la obra Las cosas nuestras de cada día, los primeros cristianos “consideraban estas festividades [...] como reliquias de las prácticas paganas”. Los griegos y romanos, por ejemplo, creían que toda persona contaba con un espíritu protector o una “divinidad bajo cuya tutela cada uno nace y vive”, y cuya “fiesta la celebraba cada uno el día de su natalicio”, o cumpleaños (Gran Enciclopedia Rialp). Además, por siglos se ha relacionado estrechamente la fecha del nacimiento con la astrología, y más concretamente con el horóscopo.
Aparte de por sus conexiones con el paganismo y el espiritismo, es muy probable que los siervos de Dios rechazaran los cumpleaños por otra razón. ¿Cuál? Su actitud humilde. Sencillamente, no creían que su llegada al mundo fuera tan importante como para festejarla (Miqueas 6:8; Lucas 9:48).* Daban toda la gloria a Jehová, a quien agradecían el maravilloso don de la vida (Salmo 8:3, 4; 36:9; Revelación 4:11).*
Cuando un siervo de Dios muere fiel, queda guardado en la memoria de Jehová, lo que le garantiza que volverá a vivir (Job 14:14, 15). Por eso dice Eclesiastés 7:1: “Mejor es un nombre que el buen aceite, y el día de la muerte que el día en que uno nace”. En este pasaje, el “nombre” es la buena reputación que nos ganamos con Dios sirviéndole lealmente. Es significativo que la única conmemoración que se nos manda celebrar a los cristianos no es la de un nacimiento, sino la de una muerte, la de Jesús, cuyo excelso “nombre” es la clave de la salvación (Lucas 22:17-20; Hebreos 1:3, 4).
La Biblia nunca menciona que se celebrara el nacimiento de Jesús. De hecho, no sabemos a ciencia cierta cuándo tuvo lugar. De lo que sí podemos estar seguros es de que no fue el 25 de diciembre.* ¿Por qué? Para empezar, porque en Israel esa fecha cae en el frío invierno, mientras que, como indica Lucas 2:8-11, el día que nació Jesús había “pastores que vivían a campo raso” con sus rebaños. (Es obvio que no se quedaban al aire libre todo el año, pues de ser así no habría tenido sentido destacar este detalle.) Y en invierno suelen caer en Belén frías lluvias e incluso nieve, razón por la que los pastores no se quedaban “a campo raso” cuidando las ovejas, sino que las guardaban a cubierto. Tampoco hay que olvidar el motivo por el que habían ido José y María a Belén: para cumplir con el censo ordenado por Augusto (Lucas 2:1-7). Es muy poco probable que, sabiendo la antipatía que sentían los judíos por Roma, aquel emperador los obligara a viajar a las ciudades de sus antepasados en pleno invierno.
Entonces, ¿dónde se encuentran las raíces de la Navidad? No en la Biblia, sino en antiguas festividades paganas. Una de ellas recibía el nombre de saturnales y estaba dedicada a Saturno, el dios romano de la agricultura. Otra era “el nacimiento del ‘Sol invencible’”, que, según la Enciclopedia de la Religión Católica, tenía lugar el 25 de diciembre, día sagrado para los devotos del dios solar Mitra. Esta obra añade que “la Iglesia comenzó celebrando el nacimiento de [Cristo]” en esa fecha “para hacer concurrencia a esta fiesta pagana consagrada al nacimiento del Sol natural (Mitra)”. Y hay que señalar que esto ocurrió unos trescientos años después de la muerte de Jesús.
Durante aquellos festejos, los paganos intercambiaban regalos y hacían banquetes, prácticas que se han conservado en las Navidades. Pero el espíritu con que se realizan muchos regalos navideños no es el que se indica en 2 Corintios 9:7: “Que cada uno haga tal como lo ha resuelto en su corazón, no de mala gana ni como obligado, porque Dios ama al dador alegre”. Los cristianos verdaderos damos regalos por amor, sin esperar nada a cambio, y no porque se considere obligatorio hacerlo en una fecha (Lucas 14:12-14; Hechos 20:35). Además, estamos muy contentos de habernos librado de una pesada carga: todas las tensiones y deudas que suelen generarse en esa temporada (Mateo 11:28-30; Juan 8:32).
Quizás alguien proteste: “¿Acaso no le hicieron regalos los magos a Jesús para celebrar su nacimiento?”. En realidad, no. Aquellos astrólogos le hicieron obsequios en reconocimiento de que era un personaje ilustre, según la costumbre de tiempos bíblicos (1 Reyes 10:1, 2, 10, 13; Mateo 2:2, 11). De hecho, no fueron a verlo al pesebre la noche que vino al mundo, sino que lo visitaron en su casa, muchos meses después.
En la antigüedad, el nacimiento de un hijo solía ser, como hoy, causa de mucho gozo. Sin embargo, la Biblia no menciona que ningún siervo de Dios celebrara su cumpleaños (Salmo 127:3). ¿Será una omisión casual? No, porque sí habla de dos fiestas de cumpleaños: la de un faraón y la de Herodes Antipas (Génesis 40:20-22; Marcos 6:21-29). Y presenta ambas ocasiones con tintes negativos, sobre todo la última, la cual llevó a que se decapitara a Juan el Bautista.
Según la obra Las cosas nuestras de cada día, los primeros cristianos “consideraban estas festividades [...] como reliquias de las prácticas paganas”. Los griegos y romanos, por ejemplo, creían que toda persona contaba con un espíritu protector o una “divinidad bajo cuya tutela cada uno nace y vive”, y cuya “fiesta la celebraba cada uno el día de su natalicio”, o cumpleaños (Gran Enciclopedia Rialp). Además, por siglos se ha relacionado estrechamente la fecha del nacimiento con la astrología, y más concretamente con el horóscopo.
Aparte de por sus conexiones con el paganismo y el espiritismo, es muy probable que los siervos de Dios rechazaran los cumpleaños por otra razón. ¿Cuál? Su actitud humilde. Sencillamente, no creían que su llegada al mundo fuera tan importante como para festejarla (Miqueas 6:8; Lucas 9:48).* Daban toda la gloria a Jehová, a quien agradecían el maravilloso don de la vida (Salmo 8:3, 4; 36:9; Revelación 4:11).*
Cuando un siervo de Dios muere fiel, queda guardado en la memoria de Jehová, lo que le garantiza que volverá a vivir (Job 14:14, 15). Por eso dice Eclesiastés 7:1: “Mejor es un nombre que el buen aceite, y el día de la muerte que el día en que uno nace”. En este pasaje, el “nombre” es la buena reputación que nos ganamos con Dios sirviéndole lealmente. Es significativo que la única conmemoración que se nos manda celebrar a los cristianos no es la de un nacimiento, sino la de una muerte, la de Jesús, cuyo excelso “nombre” es la clave de la salvación (Lucas 22:17-20; Hebreos 1:3, 4).
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que desagradan
¿DEBO CONFIAR EN CHAMANES, CURANDEROS, CURAS CATÓLICOS O PASTORES CRISTIANOS PARA ALEJAR MIS ENFERMEDADES?
Cada día se toman más a la ligera el espiritismo, la brujería y otras clases de ocultismo, particularmente en el mundo occidental. Sin duda, los demonios han logrado que el público considere que el espiritismo no plantea grandes peligros. ¿Ha influido esta actitud en algunos cristianos? Sí.
Satanás intenta aprovecharse de nuestras necesidades en materia de salud. Por ejemplo, un cristiano enfermo quizás se descorazone viendo que ningún tratamiento lo ayuda a mejorar (Marcos 5:25, 26). ¿Cómo podrían valerse de su desánimo Satanás y sus demonios? Ellos saben que la Palabra de Dios advierte que no se busque “el auxilio de los que practican lo que es perjudicial” (Isaías 31:2). Por eso, pudieran tentar al enfermo a dejarse llevar por la desesperación, pasar por alto la advertencia bíblica y aceptar tratamientos o técnicas que usan algún “poder mágico”, o espiritista. Caer en esa trampa sería sin duda muy perjudicial para su relación con Dios. ¿En qué sentido?
A los israelitas que habían usado “poder mágico”, Jehová les dijo: “Cuando ustedes extienden las palmas de las manos, escondo de ustedes los ojos. Aunque hagan muchas oraciones, no escucho” (Isaías 1:13, 15). Es obvio que nosotros no deseamos caer en ese mismo error. No queremos hacer nada que lleve a Jehová a cerrar sus oídos a nuestras súplicas y retirarnos su apoyo, y menos aún estando enfermos (Salmo 41:3). Por lo tanto, ¿cómo actuaremos si encontramos indicios de que un determinado tratamiento o método de diagnóstico tiene elementos espiritistas? Lo rechazaremos de plano (Mateo 6:13). Así no nos arriesgaremos a perder el favor de Jehová.
Un modo de animar espiritualmente a los enfermos es orar con ellos y por ellos. Aunque en nuestros días no solicitamos curaciones milagrosas, sí podemos pedir a Dios que les dé entereza para soportar su padecimiento y la fuerza espiritual necesaria para seguir aguantando en tales períodos de debilidad. Jehová los sustentará, y su fe se reforzará al mirar hacia el futuro, al día en que “ningún residente dirá: ‘Estoy enfermo’” (Isaías 33:24). Verdaderamente nos consuela saber que, por medio de Jesucristo resucitado y del Reino de Dios, la humanidad obediente será liberada para siempre del pecado, la enfermedad y la muerte. Agradecemos esta espléndida perspectiva a Jehová, ‘quien sanará todas nuestras dolencias’ (Salmo 103:1-3; Revelación 21:1-5).
La fe también nos ayuda a soportar “los días calamitosos” de la vejez, cuando la salud y las fuerzas van menguando (Eclesiastés 12:1-7). Los cristianos de edad avanzada pueden orar como lo hizo el anciano salmista que cantó: “Tú eres mi esperanza, oh Señor Soberano Jehová [...]. No me deseches en el tiempo de la vejez; justamente cuando mi poder está fallando, no me dejes” (Salmo 71:5, 9). El salmista sentía que necesitaba el apoyo divino, al igual que muchos cristianos que han envejecido en el servicio de Jehová. Por causa de su fe, pueden estar seguros de contar con el inquebrantable apoyo de los brazos eternos de Dios (Deuteronomio 33:27).
Satanás intenta aprovecharse de nuestras necesidades en materia de salud. Por ejemplo, un cristiano enfermo quizás se descorazone viendo que ningún tratamiento lo ayuda a mejorar (Marcos 5:25, 26). ¿Cómo podrían valerse de su desánimo Satanás y sus demonios? Ellos saben que la Palabra de Dios advierte que no se busque “el auxilio de los que practican lo que es perjudicial” (Isaías 31:2). Por eso, pudieran tentar al enfermo a dejarse llevar por la desesperación, pasar por alto la advertencia bíblica y aceptar tratamientos o técnicas que usan algún “poder mágico”, o espiritista. Caer en esa trampa sería sin duda muy perjudicial para su relación con Dios. ¿En qué sentido?
A los israelitas que habían usado “poder mágico”, Jehová les dijo: “Cuando ustedes extienden las palmas de las manos, escondo de ustedes los ojos. Aunque hagan muchas oraciones, no escucho” (Isaías 1:13, 15). Es obvio que nosotros no deseamos caer en ese mismo error. No queremos hacer nada que lleve a Jehová a cerrar sus oídos a nuestras súplicas y retirarnos su apoyo, y menos aún estando enfermos (Salmo 41:3). Por lo tanto, ¿cómo actuaremos si encontramos indicios de que un determinado tratamiento o método de diagnóstico tiene elementos espiritistas? Lo rechazaremos de plano (Mateo 6:13). Así no nos arriesgaremos a perder el favor de Jehová.
Un modo de animar espiritualmente a los enfermos es orar con ellos y por ellos. Aunque en nuestros días no solicitamos curaciones milagrosas, sí podemos pedir a Dios que les dé entereza para soportar su padecimiento y la fuerza espiritual necesaria para seguir aguantando en tales períodos de debilidad. Jehová los sustentará, y su fe se reforzará al mirar hacia el futuro, al día en que “ningún residente dirá: ‘Estoy enfermo’” (Isaías 33:24). Verdaderamente nos consuela saber que, por medio de Jesucristo resucitado y del Reino de Dios, la humanidad obediente será liberada para siempre del pecado, la enfermedad y la muerte. Agradecemos esta espléndida perspectiva a Jehová, ‘quien sanará todas nuestras dolencias’ (Salmo 103:1-3; Revelación 21:1-5).
La fe también nos ayuda a soportar “los días calamitosos” de la vejez, cuando la salud y las fuerzas van menguando (Eclesiastés 12:1-7). Los cristianos de edad avanzada pueden orar como lo hizo el anciano salmista que cantó: “Tú eres mi esperanza, oh Señor Soberano Jehová [...]. No me deseches en el tiempo de la vejez; justamente cuando mi poder está fallando, no me dejes” (Salmo 71:5, 9). El salmista sentía que necesitaba el apoyo divino, al igual que muchos cristianos que han envejecido en el servicio de Jehová. Por causa de su fe, pueden estar seguros de contar con el inquebrantable apoyo de los brazos eternos de Dios (Deuteronomio 33:27).
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